1- En las azoospermias secretoras en las que no se pueden recuperar espermatozoides.
2- En pacientes con enfermedades hereditarias o alteraciones cromosómicas graves, con riesgo elevado de transmitirlas y que no puedan ser diagnosticadas en el embrión.
3- En pacientes con alteraciones graves de la meiosis.
4- En mujeres sin pareja masculina.
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